En Argentina en el año 1950 se comenzó a generar una reforma en tratamientos en salud mental. Por el año 1957, sucede un hecho que modifica el campo de la salud en nuestro país y es la inauguración del Instituto Nacional de Salud Mental.
Los movimientos que se produjeron en torno a los cuestionamientos, a los métodos utilizados en esa época para tratar la salud mental, generaron las condiciones para que se pudieran implementar diversos dispositivos de atención ambulatoria.
El acompañante terapéutico (AT) nace en esa época donde se iniciaban los planteos de la desmanicomializacion (que era dignificar la atención de la salud mental, transformar el vínculo entre el profesional y la persona internada, dignificar el trabajo de todos los trabajadores del hospital) donde también surgen otras prácticas alternativas como el hospital de día.
Existe un amplio consenso que ponen como punto de partida a la práctica del acompañante terapéutico, a mediados de 1960, como una búsqueda de recursos alternativos a la internación de pacientes crónicos en instituciones de tipo manicomial, y al tratamiento de pacientes de difícil abordaje.
Si bien el acompañante terapéutico surge en elmarco de los tratamientos de las adicciones y la psicosis, con el tiempo se fue ampliando a diversas patologías y diferentes contextos, como por ejemplo: salud mental, discapacidad, trastornos neurológicos y demencias, enfermedades en estado terminal, ámbito judicial y ámbito educativo.
El acompañante terapéutico recorrió un largo camino hasta conseguir los primeros reconocimientos legales y académicos que sustentan a la profesión. En la década del siglo 21, empezaron los progresos referidos a marcos regulatorios y primeras carreras universitarias, que funcionaban de sostén de la profesión, y generaron que lo que ya era legitimo socialmente, se convirtiera en legal.
El acompañante terapéutico es un agente de salud y se presenta como un recurso flexible, que posibilita la creación de una estrategia singular, creada para una persona específica. Lo cotidiano, lo vincular y el trabajo en equipo son elementos de este campo.
El acompañante terapéutico, trabaja en el entorno de la persona que acompaña, circulando a la par por esos espacios, promoviendo poder sostener espacios terapéuticos que se den en lo cotidiano, su acción se desarrolla en la comunidad, en los lugares que transita el paciente. Para ello el acompañante terapéutico se insertará en la vida cotidiana del paciente, donde este se encuentre compartiendo con él “su mundo”, su cotidianeidad.
Dentro de los objetivos que tiene un acompañante terapéutico se encuentran facilitar nuevos lazos sociales, teniendo en cuenta que sus intervenciones son producidas en la comunidad, intentando de este modo la reinserción social, fomentando que la persona continúe en su entorno, y de tal manera no pierda sus actividades diarias y vínculos.
Hay 3 modalidades de acompañamiento terapéutico:
Acompañamiento institucional: Se incluye en una estrategia de trabajo institucional (escuelas, hospitales, psiquiátricos, centros terapéuticos, etc). Puede ser en un ámbito singular o grupal.
Acompañamiento ambulatorio: En esta modalidad el acompañamiento transcurre en lo cotidiano del paciente, en su comunidad, puede ser desde el abordaje institucional, o del consultorio privado de un profesional.
Internación domiciliaria: se trabaja un equipo de acompañantes de forma conjunta, cubriendo las 24 horas del día en diferentes turnos, como también puede sectorizarse en horarios del día o la noche.
Las funciones del acompañante terapéutico parte de una tarea inicial, a realizar con el paciente, con unas consignas claras y sencillas, tal como acompañarlo a una cita médica o administrativa, una salida de ocio, cultural, alguna actividad creativa, deportiva, etc., o simplemente estar con el paciente en su lugar de residencia, compartiendo un tiempo donde pueda hablar si así lo desea, sobre su situación o cualquier otro particular. No olvidemos que la función principal del acompañante terapéutico es la contención.